Quién, quién, quién podra ayudarme ahora,
no hay nadie que quiera en esta ciudad.
Si tan solo pudiera quedarme dormida
y no volver a despertar.
Conozco el buen vino y conozco el peor,
pero envenenarme también me enseñó:
sé que es bueno tener al diablo de amigo
en alguna ocasión.
Cuando hasta mi sombra estorbe,
sabrán disculpar me voy a marchar
aunque a nadie ya le importe.
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